Si uno dice que es scout y tiene años de ello, no puede decir que no tiene anécdotas, que no recuerda nada interesante. Porque de ser así "te confundiste en la entrada cabezón y no te metiste en un grupo scout!!!" Para algunos que tenemos mas de dos décadas dentro del 212, al menos a mí, se me hace dificil ya recordar las vivencias desde chico. Y algunas de las que se recordaron en el video de los 40 años estuve presente y las reviví al oirlas nuevamente.
Ayudando a formar esta sección de la página del grupo vamos a empezar por alguna. Una que recuerdo bien y cuando me junto con mis amigos que también pasaron por el grupo la recordamos con simpatía es sobre nuestra excursión de primera clase. La hicimos durante el campamento de verano de Yeruá, Entre Ríos. Después que el Jefe de Tropa (Marcelo Grippo) nos dé las instrucciones en unas cartas y nos acompañe hasta el lugar donde debiámos hacer los refugios (si si, refugios, nada de carpas) nos dejó a la buena de Dios y de nosotros mismos. Obvio habiámos llevado una olla, una sartén, una pala, la bolsa de dormir y un fósforo. Unos fideos, y arroz para las comidas. Nos dividieron en dos grupos uno donde estaba con Andrés Rey y Luis Alvarez y otro donde estaban Christian Zungri y Daniel Unrein. Teniámos varias consignas donde una de ellas era ir al campamento y dejar algún testimonio de que habiámos pasado y no dejar que nos vean o identifiquen. Al segundo día me acerco al campamento mientras están todos almorzando y me meto en la carpa de los dirigentes y les hago un gran revoltijo, la bolsa de dormir, el bolso, libros, todo quedó patas para arriba. Satisfecho me fui y volví al lugar de los refugios. Al volver, cuando ya había terminado nuestra excursión de primera clase, nos preguntaron quien había revuelto la carpa de los dirigentes. Orgulloso, dije: "yo jefe". El tema fué que no le revolví la carpa a ellos, sino al sacerdote, en ese momento el Padre César, dado que justo llegó ese día y le dieron su carpa para que duerma. Después le tuve que ir a pedir disculpas y todos se reían por la situación que tenía que pasar. Cosa que en ese momento no me resultó nada graciosa. Y quedó esa anécdota como "quien le revolvió la carpa al cura"... |