Tentada de empezar la nota diciendo “el grupo te necesita” pero sabés, no es verdad.
El grupo tiene casi todo (obvio, no tiene lo que les afanaron y no se pudo reemplazar)
El 212 tiene (para mí siempre va a ser el 212) 40 años de historia, no es poca cosa.
Tiene su manada, sus tropas, su clan, sus dirigentes, su clan de totemizados y su círculo de antiguos scout, su círculo de rovers de partida, sus comités de madres y padres.
Incluso tiene un selectísimo grupejo (sobran los dedos de una mano para contarlos) de enemigos que supieron dañarlo (que cadáver esperaríamos ver pasar si no los tuvieramos también a ellos)
Lo único que no tiene hoy son sedes propias. Pero todos sabemos que eso no es tan grave, tiene solución y por ahora de prestado tiene un lugar donde desarrollar las actividades.
Sedes… yo recuerdo tantas:
Las del Ateneo, algunas eran “a préstamo” como el 2º piso de la cancha de frontón, ahí estaba la tropa scout con sus rincones de patrulla y al fondo la sala del Consejo de Dirigentes. Otras las hicimos, y las pintó José Ellero tan creativa como bellamente.
El taller raider encabezaba ese sector, con el torno que nos había regalado el tío de Globulito y en el que hacíamos platos, platitos y platotes para venderles a nuestros viejos y juntar un mango. Que alegría cuando venía el viejo a enseñarnos algo de electricidad o de lo que sea, él era un “sabio”, sabía de casi todo y era hábil con sus manos, y algo de él se les pegó a esa banda de inútiles de aquel entonces.
Las de Monte Carmelo, hechas a pulso con nuestra plata, con las manos de nuestros padres, Raiders, Rovers y dirigentes, con los materiales que nosotros compramos y pagamos “vendiendo” el metro cuadrado.
Lo primero que hicimos fue un enorme depósito para poner lo que finalmente los directivos salesianos nos “permitieron” llevar, es decir, todo lo que era móvil fue a parar allí, carpas, cajones de patrulla, banderines, libros de oro, nuestro viejo tótem, ollas… Al lado construimos el taller raider y allí fueron a parar todas las herramientas como el torno, la radio, el banco de trabajo, herramientas de mano…
Estoy tildada con el torno, porque quedó en manos de ladrones con autorización canónica para funcionar como tales, pero eso es tan irrelevante como ellos mismos. Y son irrelevantes porque están cada día más cerca de que el INADI les inicie un juicio, cuando hablan muestran la hilacha de la segregación, siempre muy bien acompañada de las cualidades que le son inherentes, de las cuales la más destacada es una imbecilidad irremediable, lo que los hace ininputables.
Pero yo estaba hablando de las sedes, ah! Por eso decía el 212 te necesita.
Sin embargo eso no es cierto, la realidad es inversa, nosotros necesitamos al 212. Porque es el lugar donde fuimos felices incluso regodeándonos en nuestra propia “incomprensión del mundo” que tanta “angustia existencial” nos provocaba. Sea porque el mundo no nos comprendía o porque nosotros no comprendíamos al mundo e incluso lo queríamos cambiar
El 212 es el lugar de reunión con nuestros amigos, nuestros compañeros, es el lugar que nos permitió conocer a nuestro esposo e incluso divorciarnos de él.
Es un sitio de referencia y ese sitio está en el corazón de los antiguos scout y de los scout “en ejercicio” Por eso estábamos ahí el 9 de Julio.
Nosotros necesitamos al 212 porque nos permite seguir siendo niños y conservar la inocencia junto a la alegría, nos permite enamorarnos de nuestra propia adolescencia (si de la misma que nos angustió)
Nosotros necesitamos una sede propia donde hacer nuestra próxima reunión de Antiguos Scout, necesitamos saber dónde está el 212, porque ahí siempre podemos tomar energía para seguir jugando al Gran Juego. |